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Responsabilidad con las comunidades

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Empresas y comunidades pueden –y deben- comenzar un relacionamiento temprano, a través de participación ciudadana anticipada, de manera que se puedan incorporar modificaciones a los proyectos, impactos y medidas de mitigación y compensación antes de ser ingresados a evaluación ambiental.

El reciente derrame de petróleo en las costas de la Bahía de Quintero tiene en vilo no sólo a la comunidad de la zona, sino que ha generado un fuerte impacto a nivel nacional. Los grupos ambientalistas están en pie de guerra, principalmente por la sensibilidad de la zona en que ocurrió este desastre ambiental, y porque con esta emergencia se ha aprovechado para cuestionar el accionar de las empresas ubicadas en esta zona.

Pero ¿hasta qué punto un accidente puede considerarse como tal? ¿Hasta dónde llega, por ejemplo, la responsabilidad de la empresa contratante? ¿Era posible evitarlo? Esta última pregunta es difícil de responder, sin embargo, lo que es claro, es que cuando una empresa se declara ambientalmente responsable, debe reflejarlo en sus acciones y no sólo en sus discursos. No se puede desatender ni desentenderse de los posibles impactos de sus operaciones en el territorio en el cual se emplaza. Al momento de presentar los Estudios de Impacto Ambiental, se deben identificar claramente estos impactos de manera de establecer las medidas de compensación o mitigación que corresponda.

Sin embargo, y ojalá no fuera así, los accidentes o situaciones imposibles de prever, ocurren, y es precisamente ante estos episodios, en que las empresas debiesen anticipar sus impactos. Si logran adelantarse a posibles situaciones críticas, lograrían minimizarlos de mejor manera, y si pueden hacerlo proactivamente, en conjunto con la comunidad, tanto mejor. Las empresas deben asumir plenamente las responsabilidades que les competen en el territorio en el cual emplazan y deben destinar recursos para minimizar, mitigar o compensar su impacto.

El compromiso de las empresas con el medio ambiente debe extenderse tanto a dicho aspecto, como al desempeño de los empleados, contratistas, proveedores y las comunidades del área de influencia. Un trabajo que no sólo debe quedar en el papel ni suscribirse a las áreas de relacionamiento comunitario o ambiental. Es un trabajo que debe ser tanto o más importante que el producto final, de manera de generar confianza con los grupos de interés y de la opinión pública en general, sobre todo cuando ésta se ha perdido por diversos factores. Como es el caso de la Bahía de Quintero.

Empresas y comunidades pueden –y deben- comenzar un relacionamiento temprano, a través de participación ciudadana anticipada, de manera que se puedan incorporar modificaciones a los proyectos, impactos y medidas de mitigación y compensación antes de ser ingresados a evaluación ambiental. Las comunidades deben estar informadas de los alcances de los proyectos, más aún cuando estos afectan directamente su entorno inmediato y fuentes laborales.

Cuando una comunidad ha estado involucrada en la planificación y recibe los beneficios, comprende los riesgos ambientales y cómo estos se manejan, la aceptación debiese aumentar en forma significativa. Es necesario transparentar la actividad a través de políticas de puertas abiertas.