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Relacionarse con la comunidad en tiempos de bajos precios

Mantener y profundizar el diálogo con las comunidades en estos tiempos es la mejor forma de anticiparse a un eventual conflicto. No olvidar que se trata de relaciones de largo plazo, por lo que en ningún caso, en escenarios como los actuales, se debe desaparecer.

Para nadie es novedad que 2015 no fue un año fácil para la minería. Según información entregada por el Consejo Minero, durante los últimos cinco años el precio del cobre bajó desde los 400 hasta los 253 cUS$/libra, en tanto que Sonami ha advertido que este año el sector minero tendrá un crecimiento nulo, estimando que la producción de cobre será similar a 2015, cercana a los 5,8 millones de toneladas. Ello nos ha hecho perder competitividad a nivel mundial y sobre todo a nivel regional, dado el gran crecimiento de la minería en Perú.

Hemos sido testigos de cómo el actual panorama ha traído consigo la paralización o suspensión de proyectos e inevitables reducciones de presupuesto –el más evidente en recursos humanos– y, en muchos casos, la interrupción de los planes de relacionamiento y de inversión comunitaria que se estaban implementando.

En estos escenarios algunas compañías estiman que –dado que los proyectos no se están ejecutando– una buena alternativa es suspender o bien eliminar el presupuesto destinado al trabajo con las comunidades vecinas. Sin embargo, dicha visión se trata de una mirada de corto plazo, que probablemente sólo contribuya a aumentar el rechazo o la desconfianza que algunos proyectos generan en la población.

No hay duda que en un contexto como el actual nadie puede estar ajeno a los ajustes. Las mismas comunidades –que sufren flagelos relacionados como el aumento del desempleo producto de esta misma situación– entienden que es una realidad que no puede negarse. Pero mantener el relacionamiento es una señal del compromiso de las empresas con sus comunidades.

En escenarios económicos complejos es posible modificar los planes de trabajo, de manera que las empresas puedan ajustar sus presupuestos y, por ejemplo, destinar menos recursos a estas áreas, o bien bajar la intensidad del relacionamiento, pero en ningún caso abandonar el diálogo.

La experiencia ha demostrado que las comunidades valoran positivamente la permanencia del relacionamiento con las empresas y aprecian la intención de un trabajo constante y de largo plazo. Al mismo tiempo, la continuidad en el diálogo permitirá a las compañías dar señales de transparencia. Lo anterior posibilitará favorecer la obtención y mantención de la licencia social para operar.

Por otra parte, también se debe considerar que hay compromisos legales en el ámbito social que cumplir, pues a pesar de que los proyectos estén detenidos o suspendidos, de igual forma las empresas tienen obligaciones con las comunidades que, cada vez más informadas y empoderadas, pueden poner en riesgo dichos permisos.

Así, mantener y profundizar el diálogo con las comunidades en estos tiempos es la mejor forma de anticiparse a un eventual conflicto. No olvidar que se trata de relaciones de largo plazo, por lo que en ningún caso, en escenarios como los actuales, se debe desaparecer.

(Revista Minería Chilena, marzo 2016)