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ONG’s y movimientos sociales: El medio ambiente como consigna

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Utilizan las redes sociales para socializar sus causas a la población, lo cual les ha permitido crecer en términos de adhesión pública.

Son un fenómeno mundial que surgió en los países desarrollados. Los primeros síntomas de la presencia de las agrupaciones ambientales se manifestaron en la década de los ‘70 con los movimientos antibélicos. Muchos de estos grupos son considerados como herederos de una ideología que proviene de los antiguos movimientos de izquierda de la Europa Occidental, los cuales son representados por los llamados ‘Partidos Verdes’. Rodrigo Rivas, consultor de Valor Estratégico, explica que algunos grupos ambientalistas poseen una connotación ideológica muy fuerte: “Si bien estos movimientos presentan una motivación real por el ambiente, también hay que considerar su ideología anticapitalista, cuyos lineamientos se replican hasta hoy”, indica.A este panorama se debe sumar una serie de reformas ambientales que impulsó el Presidente estadounidense Bill Clinton, que culminaron en 1994 con la creación del Consejo Consultor Nacional sobre la Justicia Ambiental, cuyo rol es asesorar a la Environmental Protection Agency (EPA) sobre la forma en que debe participar en la justicia ambiental, al realizar investigaciones e imponer multas, promover la participación del público en los procesos de elaboración de reglamentos, y en la toma de decisiones en torno a la ubicación de instalaciones industriales.

En Chile, estas señales se presentan a principios de los ‘90, cuando el Gobierno del entonces Presidente Patricio Aylwin decide participar en el Grupo de Río, instancia que se considera como una de las primeras iniciativas a nivel internacional en la promoción y coordinación de los distintos gobiernos de Latinoamérica en el área ambiental.

El poder de la coordinación 

Algunas de las organizaciones ambientales se caracterizan por presentar una base de estructuras territoriales locales y una personalidad jurídica cuyas actuaciones son acotadas a defender un territorio, como un valle, una cuenca o una ciudad. Sin embargo, existen otros movimientos que no presentan una organización formal. Manuel Fuenzalida, director del Departamento de Geografía de la Universidad Alberto Hurtado y uno de los autores de la investigación La dimensión espacial de los conflictos ambientales en Chile, señala que aquellos grupos que se articularon en torno a la solución de un conflicto ambiental puntual desaparecen una vez que dicha problemática está resuelta. Sin embargo, entidades como ONG’s u organizaciones territoriales de base, tienden a permanecer en el tiempo para desarrollar labores de denuncia sobre incumplimientos o irregularidades en los proyectos de inversión. Agrega que residir en el lugar afectado no es una condición para participar en estos grupos, ya que en ambos tipos de organizaciones existe una ‘coordinación efectiva’ a partir de las redes sociales, y que a través de ellas, convocan a reuniones, marchas o asambleas. Esto es observado como una fortaleza, ya que logran nacionalizar temas que son considerados como preocupaciones locales.

Rivas indica que en la actualidad Chile es un caso de estudio sobre el nivel de influencia que ejercen las redes sociales sobre la población: “De acuerdo con un estudio de la Universidad Católica, se establece que más de la mitad de los usuarios de las redes sociales en Chile se adscribe a una causa ambientalista; ello se debe considerar como uno de los grandes logros que han tenido estos grupos”. Considera que estas agrupaciones hacen ‘bien la pega’ en términos de socializar las demandas en una sociedad que en los últimos 20 años ha experimentado cambios y que actualmente presenta una postura crítica frente al sistema. “En dicho sentido, uno de los grandes problemas que han tenido tanto las empresas como las autoridades es que han dejado que estos grupos planteen causas ‘políticamente correctas’, y que crezcan en términos de adhesión pública”, afirma el consultor.

Según Rivas, el camino que tienen las empresas para abordarlos es a través del relacionamiento directo con las comunidades en las fases tempranas de los proyectos, ya que de esta forma se evita que grupos externos lleguen a presentar resistencias. “Existen grupos que representan legítimas preocupaciones ambientales de la comunidad, y si se logra incorporar estas inquietudes en el diseño del proyecto, finalmente las empresas van a cumplir con sus objetivos. Si no hay un objetivo ideológico, y si existe una real preocupación por el medio ambiente, diría que es un esfuerzo que hay que realizar. Es difícil, pero el compartir información y recibir el feedback permite establecer estas relaciones y minimizar los impactos negativos de estos grupos”, concluye