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La importancia de las comunidades

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Opinión

 

La importancia de las comunidades

Por: Rodrigo Rivas M.,

Valor Estratégico

Consultores Corporativos

 

Nuestro país ha vivido en los últimos años un explosivo aumento en la inversión en proyectos de variados ámbitos, destacando aquellos del área minera y eléctrica. Esta situación se va incluso a  profundizar en los próximos años, en los cuales de acuerdo a lo anunciado, se van a invertir miles de millones de dólares en iniciativas productivas. Este crecimiento ha derivado también en que se les exija mayores compromisos de las empresas hacia el entorno en el que se instalan, principalmente con las comunidades que las acogen.

 

Desarrollar proyectos en armonía con la comunidad, en una lógica de valor compartido (win-win, tal como se dice en inglés) es el principal propósito que debiesen perseguir las empresas hoy en día, estableciendo vínculos de mutua cooperación para generar confianzas a partir de la elaboración de un trabajo serio, responsable y bien estructurado. Hasta hace unos años, el relacionamiento comunitario no era realizado de forma exhaustiva o consistente. Sin embargo, el escenario actual es muy distinto y este tema es clave para el desarrollo de los nuevos proyectos.

 

Hoy la comunidad se manifiesta directamente, exige ser considerada en los proyectos, sabe cuáles son sus derechos, quiere escuchar y que se le escuche, y por lo mismo, es importante generar la mayor –y mejor- cantidad de instancias para que esto ocurra.

Por otra parte, las empresas reconocen el valor del desarrollo comunitario. Una gran mayoría ha optado por instalarlo como una actividad permanente dentro de sus operaciones. Esto garantiza que los proyectos se desarrollen y el trabajo con la comunidad se despliegue de manera permanente, no sólo mientras se encuentran en proceso de evaluación ambiental.

 

Los desafíos que enfrenta la actividad minera en Chile en materia social son complejos. En comparación con la convicción existente hace algunos años, hoy nos domina la poca certeza en torno al desarrollo de proyectos.

 

El incremento de las demandas sociales; las mayores restricciones ambientales, la demora en la aprobación de los proyectos y la posterior judicialización, son elementos que las empresas deben considerar en su plan de negocios.

 

En Chile también se incorporó un elemento que ya es realidad en otros países de América Latina: la expresión directa de la gente. Común es ver imágenes de ciudadanos que se toman las calles por la demora de buses o que reclaman contra los abusos. Sin embargo, más impresionante fue ver las imágenes de miles de personas en distintas ciudades marchando en protesta por las aprobaciones de las iniciativas eléctricas Barrancones e HidroAysén.

 

En este entorno el desafío para las empresas es compartir efectivamente el valor de sus negocios: que sean rentables y aceptados por todos los grupos de interés porque obtienen beneficios concretos. Hoy no se pueden ignorar los impactos políticos, públicos y sociales de los proyectos. Hoy, no basta con tener el apoyo y respaldo de los gobiernos y del marco regulatorio para la inversión. A este mix hay que agregar el desarrollo económico y social real y las oportunidades que los proyectos ofrecen a las comunidades, las que hasta ahora -y pese a los esfuerzos- se sienten lejanas a estos beneficios.

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