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El activismo digital y las comunidades

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Este mes se cumplen 22 años desde que se realizó la primera conexión a internet en Chile. La llegada de esta tecnología sin duda marcó un gran hito que cambiaría la inmersión de Chile en el mundo: el país se hacía parte de esta globalización que, hasta el día de hoy, sigue en desarrollo.

Internet supondría la posibilidad de acceder a una cantidad importante de información al instante, mejorar las comunicaciones entre las personas y ofrecer un sinnúmero de otros beneficios tanto para los individuos como para las empresas. Ha permitido además el nacimiento de otras formas de organización y de expresión en las comunidades, como bien lo reconoce Howard Rheingold, especialista en el estudio de las nuevas tecnologías de información y sus implicancias en diversos ámbitos de la sociedad. Rheingold creó el concepto de “comunidad virtual” como aquella que se ha construido en torno a internet y que ha permitido a las personas participar de forma más fácil en los movimientos sociales. La gente tiene mayor acceso a la información y el proceso de simpatizar a causas es más simple gracias a internet.

Facebook y twitter se han transformado en los principales “centros operativos” para coordinar movimientos sociales como marchas, manifestaciones, funas, tomas, huelgas, etc. Todo hoy se estructura a través de las redes sociales y el alcance que éstas tienen es la principal virtud que ven las organizaciones sociales y activistas como motor de sus movilizaciones.

Las redes sociales han irrumpido con fuerza en Chile, y se han transformado en el principal canal de expresión de los chilenos para informarse, expresar sus opiniones y manifestarse –básicamente– en contra de aquello que les afecta, principalmente si están relacionados con el medio ambiente y recursos naturales.

Twitter, Facebook, YouTube y otros, han mejorado la forma de generar ideas, pasando del conocimiento individual al conocimiento colectivo, siendo un espacio de intercambio de ideas más efectivo y de búsqueda de resolución de problemas. Por esto es que no debe extrañar que las ONG’s las utilicen mucho más que las empresas y otras organizaciones, pues descubrieron anticipadamente los beneficios que otorgan en la transmisión de sus pensamientos, ideales y mensajes a través de las redes. Esto también ha favorecido la posibilidad de convocar adherentes y que éstos sientan que hacen todo lo que sea políticamente correcto. Para las ONG’s y los movimientos sociales en general, las redes sociales se han transformado en una importante herramienta para ser y sentirse que son agentes de cambio. Y, además, lograr la validación de la sociedad virtual.

Si bien esto es un fenómeno a nivel mundial, es especialmente relevante en un país como Chile, en el que la social media ha logrado penetrar profundamente en nuestra sociedad. De acuerdo a un estudio dado a conocer por la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se determinó que el 71,7% de las personas encuestadas para el estudio utilizan las redes sociales para informarse, por sobre la televisión abierta, diarios online o televisión por cable. Otros resultados interesantes arrojan que el 21.9% de encuestados dijo haber asistido a una manifestación pública; el 52,3% comentó haber difundido información en redes sociales como Facebook o Twitter y un 30,3% haberse unido un grupo o página de Facebook para protestar en contra de algún proyecto de inversión.

Sin embargo, a pesar de los años que han transcurrido desde la irrupción de las redes sociales, las empresas continúan estando un tanto atrasadas en su uso y gestión. Deben asumir que estas son de suma utilidad para sus operaciones, partiendo por la base de que pueden servirles como un canal de proximidad a las problemáticas de las comunidades en las cuales intervienen e interactúan y, así, anticiparse a conflictos. Su utilidad debe ser vista como una herramienta útil que favorezca el desarrollo de planes y  estrategias de relacionamiento con las comunidades, como una vía adicional para proponer posibles soluciones a los problemas que les inquieten y poder entablar diálogos que sean sostenibles en el tiempo. Obviamente, sin dejar a un lado el relacionamiento directo con éstas, ya que nada reemplaza la relación cara a cara.

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